El Efecto Dominó: Comprendiendo el Riesgo Sistémico

El Efecto Dominó: Comprendiendo el Riesgo Sistémico

En un mundo globalizado, un único fallo puede propagarse y desencadenar el colapso de un sistema entero. Desde crisis financieras hasta interrupciones en cadenas de suministro, el riesgo sistémico está presente en cada nivel.

Este fenómeno, conocido como fallo en cascada, demuestra que la interdependencia, si no se gestiona correctamente, puede convertirse en nuestra mayor vulnerabilidad.

Definición y elementos clave

El riesgo sistémico se define como la probabilidad de que un sistema financiero, industrial o económico colapse por el fallo de uno o varios de sus componentes. Se origina en las interdependencias entre actores, donde la caída de uno puede hundir a todos.

  • Interconexión profunda: vínculos financieros y tecnológicos.
  • Contagio rápido: problemas que se propagan sin control.
  • Severidad significativa: daños económicos y pérdida de confianza.
  • Incertidumbre persistente: difícil predicción de fallos.
  • Velocidad de propagación: tiempos de reacción muy cortos.
  • Dependencias críticas: nodos centrales que sostienen el sistema.

Para distinguirlo de otros riesgos, veamos la siguiente comparación:

Esta distinción es esencial para diseñar estrategias de prevención y reacción adecuadas.

El mecanismo de contagio y el efecto dominó

Imaginemos fichas de dominó alineadas. La caída de la primera activa una serie de acontecimientos sucesivos, donde cada pieza influye en la siguiente.

En 2008, la quiebra de Lehman Brothers fue la ficha inicial. Sus pérdidas desencadenaron insolvencias en bancos acreedores, lo que provocó restricción de crédito y ventas forzadas de activos. Esto disparó caídas en precios y desató pánico financiero con retiradas masivas, hundiendo la confianza global.

Los problemas se transmiten a través de fallos en el sistema de pagos, bloqueos en transferencias y retrasos en liquidaciones. Simultáneamente, los bancos restringen préstamos a empresas y hogares, afectando la economía real. La depreciación de activos degrada balances, reduciendo inversión y consumo y elevando el desempleo.

El pánico financiero amplifica el fenómeno, con corridas bancarias que producen iliquidez repentina incluso en entidades solventes, alimentando nuevos retiros y perpetuando la cascada.

Causas y factores que aumentan el riesgo sistémico

Varios elementos elevan tanto la probabilidad como el impacto de un fallo en cascada:

  • Exceso de apalancamiento en instituciones financieras.
  • Falta de capital y liquidez suficiente para absorber pérdidas.
  • Errores en gestión de riesgos y ausencia de pruebas extremas.
  • Alta concentración en pocos intermediarios grandes.
  • Shocks externos: pandemias, guerras o desastres naturales.

Estos factores se combinan, creando un entorno donde un incidente menor puede convertirse en crisis mayor.

Cómo mitigar y gestionar el riesgo sistémico

La prevención exige un enfoque integral, que incluya:

  • Regulación macroprudencial: límites al apalancamiento y la concentración.
  • Pruebas de estrés reales: simulaciones de escenarios extremos periódicas.
  • Cooperación internacional para intercambiar información y activar protocolos de emergencia.
  • Transparencia financiera: balances claros y auditorías independientes.
  • Infraestructuras resilientes: sistemas de pagos robustos y actualizados.

En el plano individual y empresarial, diversificar inversiones, mantener un colchón de liquidez y monitorizar la salud de las contrapartes son prácticas clave.

Avanzar hacia sistemas en tiempo real y plataformas distribuidas también contribuye a ralentizar la propagación de fallos.

Lecciones de crisis pasadas y el papel de la resiliencia

La experiencia de 2008 evidenció la necesidad de fondos de rescate coordinados y mecanismos de resolución ordenada para entidades "too big to fail".

Durante la pandemia de COVID-19, quedó claro que el riesgo sistémico trasciende la banca: las interrupciones en cadenas globales demostraron nuestra vulnerabilidad ante eventos imprevistos.

Estos episodios enseñan que la resiliencia no surge de eliminar el riesgo, sino de nuestra capacidad de adaptarnos y reaccionar con agilidad.

Conclusión

El riesgo sistémico y el efecto dominó nos recuerdan que vivimos en un tejido complejo donde cada actor cuenta.

Más allá de regulaciones y tecnología, se requiere conciencia colectiva y responsabilidad compartida. Cada decisión individual puede ser la primera ficha de un gran dominó.

Al comprender estos mecanismos y adoptar buenas prácticas, podemos construir sistemas financieros, industriales y económicos más resistentes.

Hoy más que nunca, la invitación es a actuar con visión global e interconectada, fortaleciendo nuestras redes para que, ante el próximo desafío, respondamos con sabiduría y cooperación.

Por Fabio Henrique

Fabio Henrique