Durante décadas, los préstamos públicos e internacionales se limitaron a responder a crisis financieras agudas. Sin embargo, hoy emergen como motores de prevención, resiliencia y transformación económica, anticipando desafíos globales como la transición energética, el cambio tecnológico y las tensiones geopolíticas.
De la crisis al mañana
En el pasado, los préstamos estatales se asociaban principalmente a rescates en recesiones o desequilibrios de balanza de pagos. Ese enfoque de respuesta se ha ampliado hacia una visión estratégica: financiar transformar estructuras productivas y económicas, promover la transición verde y digital y reforzar la capacidad de los países para anticipar y superar desastres.
Al mismo tiempo, crece el riesgo creciente de crisis de deuda soberana en un contexto de endeudamiento global elevado. Mientras organismos como el Banco Mundial advierten sobre un “inminente desastre de la deuda mundial”, la urgencia de invertir en adaptación climática, modernización y defensa exige más recursos, aunque los márgenes fiscales sean limitados.
Así, los préstamos dejan de ser simples herramientas de emergencia y se convierten en palancas para una inversión a medio y largo plazo. El reto consiste en equilibrar la sostenibilidad de la deuda con la necesidad de impulsar proyectos que garanticen futuro económico y social.
El laboratorio europeo y el caso de España
La Unión Europea lanzó en 2021 el Next Generation EU, un fondo de 650.000 millones de euros en transferencias y préstamos para los Estados miembros tras la pandemia. Con él, la UE busca financiar reformas e inversiones que impulsen la recuperación, la cohesión social y el paso hacia una economía más verde y digital.
El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) dispone de 672.500 millones de euros para financiar proyectos en los 27 países. Hasta mediados de 2025, se ha desembolsado aproximadamente el 55 % del total, con un 61 % en transferencias y un 48,4 % en créditos.
España ha sido uno de los principales beneficiarios:
- Asignación total: 160.000 millones de euros (subvenciones y préstamos).
- Subvenciones recibidas: más de 55.000 millones (≈69 % del total asignado).
- Préstamos recibidos: 16.300 millones de los 83.160 millones disponibles (≈19 %).
- Beneficiarios: alrededor de 1,2 millones de empresas y hogares.
- Cumplimiento de hitos: 264 objetivos cumplidos con la Comisión Europea.
Ante los plazos de solicitud y ejecución (agosto y diciembre de 2026, respectivamente), España ha priorizado reclamar casi la totalidad de las subvenciones para evitar generar nueva deuda pública. Aunque el coste financiero de los préstamos europeos sea similar al de la deuda en mercados (3,199 % frente a 3,230 %), la carga política y administrativa inclina la balanza hacia las transferencias.
No obstante, la demanda privada determinará cuánto se utilicen los 83.160 millones en créditos. Estos están diseñados para canalizarse a través del ICO y el BEI hacia proyectos empresariales, consolidándose como herramienta de inversión a medio y largo plazo.
Préstamos para resiliencia climática y desastres
Más allá de la recuperación post-COVID, España ha desarrollado líneas específicas para anticipar y mitigar emergencias climáticas. Tras la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), se aprobó una adenda al Plan de Recuperación que habilita al ICO a gestionar préstamos híbridos con componente de ayuda.
La Línea ICO DANA dispone de 750 millones en financiación, incluidos 180 millones en subvenciones, con bonificaciones parciales de interés y tramos no reembolsables de hasta el 30 % del importe. Está dirigida a pymes afectadas por fenómenos climáticos adversos, tensiones geopolíticas y retos arancelarios.
- Dotación total: 750 millones de euros.
- Subvención hasta el 30 % del principal.
- Bonificación parcial del tipo de interés.
- Beneficiarios: pymes expuestas a riesgos climáticos y comerciales.
Adicionalmente, se creó un programa de avales públicos de hasta 5.000 millones de euros, vigente hasta 2040, para proporcionar liquidez inmediata a hogares, empresas y autónomos en situaciones de emergencia de protección civil. Este mecanismo preventivo, activable rápidamente por el Consejo de Ministros, refuerza la confianza de agentes económicos y sociales y permite la reconversión del tejido productivo.
Perspectivas y desafíos futuros
El impulso de préstamos estratégicos marca un antes y un después en la gestión de la financiación pública. Sin embargo, persisten tensiones entre la urgencia de invertir y la necesidad de mantener la sostenibilidad de la deuda. Las altas tasas de endeudamiento y las perspectivas de subidas de tipos plantean riesgos a medio plazo.
Para maximizar el impacto, es esencial diseñar instrumentos flexibles que combinen tramos reembolsables y no reembolsables, adaptados a las características de cada proyecto y sector. Además, la cooperación internacional deberá reforzarse, coordinando préstamos bilaterales, multilaterales y del sector privado para evitar duplicidades y optimizar recursos.
El reto de la transición energética, el calentamiento global y la transformación digital exige un enfoque proactivo. Al desplazar el centro de gravedad de la financiación de la respuesta a crisis a la prevención y la resiliencia, los préstamos se convierten en aliados clave para construir economías más sólidas, inclusivas y sostenibles.
Solo así, lo que hoy es un laboratorio de políticas de futuro podrá consolidarse como un modelo replicable en otras regiones. Los préstamos para el mañana no solo responderán a emergencias, sino que prepararán a las sociedades para afrontar los desafíos del siglo XXI con mayor determinación y eficacia.