La pandemia de COVID-19 no sólo cambió nuestra vida cotidiana, sino que también ofreció un laboratorio sin precedentes para repensar cómo anticipar, mitigar y recuperarse de riesgos sistémicos. Este artículo recopila aprendizajes clave que van más allá de la emergencia sanitaria y apuntan a fortalecer la gestión integral de riesgos en todos los ámbitos.
Por qué COVID-19 es un “caso escuela” de gestión de crisis y riesgos
El SARS-CoV-2 desató una crisis global sin precedentes que afectó la salud, la economía, la educación, las cadenas de suministro y la gobernanza. La naturaleza del riesgo cambió de un evento aislado a una amenaza biológica compleja, con incertidumbres iniciales sobre transmisión, letalidad y variantes emergentes.
Su evolución demostró el carácter en cascada de los peligros sistémicos: un virus provocó tensiones financieras, fracturas sociales y debates geopolíticos. La experiencia confirma que todo plan de respuesta debe abrazar las tres fases clásicas:
Inversión sostenida en preparación y capacidades básicas
La historia revela una infrainversión crónica en salud pública: tras cada emergencia, los presupuestos suben para luego desplomarse. Este ciclo erosiona laboratorios, sistemas de información y personal capacitado.
La lección central es que la preparación no es un gasto discrecional, sino una inversión estratégica en gestión de riesgos. Para afrontar futuras crisis, debemos asegurar financiación estable que garantice:
- Vigilancia epidemiológica permanente
- Reservas de equipos de protección personal
- Infraestructura de laboratorios y logística
- Capacitación y retención de personal
Este patrón de ciclos reactivos y de abandono también aparece tras huracanes, caídas del mercado o ciberataques. Es imprescindible transitar hacia una gestión anticipatoria y basada en escenarios que priorice la resiliencia antes de la crisis.
Infraestructuras de datos y vigilancia: del virus a la gobernanza del riesgo
Durante la pandemia, el mundo vivió un salto cualitativo en vigilancia genómica y sistemas de información. Se desplegaron plataformas capaces de rastrear variantes en tiempo real y alimentar modelos predictivos.
Esta capacidad de análisis y modelización demostró que los sistemas de datos en tiempo real son tan críticos como las vacunas. Hoy, esos mismos principios deben aplicarse a:
- Riesgos climáticos extremos
- Ciberseguridad y fraudes digitales
- Volatilidad de mercados financieros
Diseño y evaluación de medidas de control (PHSM) y su “costo total”
Las Public Health and Social Measures (PHSM) se convirtieron en el núcleo de la respuesta temprana: rastreo de casos, testeo masivo, uso de mascarillas, distanciamiento y cierres de actividades.
- Vigilancia y rastreo de contactos
- Uso de mascarillas y distanciamiento
- Cierres y limitaciones de viajes
- Confinamientos y cuarentenas
La OMS incorporó un enfoque de no regrets y principio de precaución, priorizando acciones rápidas que pueden corregirse a posteriori. Sin embargo, es vital evaluar el costo total de estas intervenciones, considerando efectos en economía, educación y salud mental.
Para futuras crisis, las decisiones deben basarse en matrices de riesgo multidimensionales que pesen beneficios sanitarios junto con impactos socioeconómicos y derechos fundamentales.
Modelo del “queso suizo” y gestión de riesgos en capas
El modelo del queso suizo ilustra cómo cada defensa aislada presenta “agujeros”, pero varias combinadas reducen drásticamente el riesgo global. La analogía se aplica a cualquier contingencia compleja.
- Vacunas y tratamientos
- Mascarillas y barreras físicas
- Mejora de ventilación de espacios
- Rastreo de casos y pruebas regulares
- Campañas de educación comunitaria
Implementar una redundancia inteligente de medidas independientes garantiza que, si una capa falla, las demás mantengan la protección.
Gobernanza, liderazgo y coordinación: un test de estrés institucional
La gestión de COVID-19 puso a prueba la solidez de los organismos estatales y la claridad de sus mandos. Países con enfoques fragmentados sufrieron respuestas descoordinadas y mensajes contradictorios.
- Enfoque intersectorial y multinivel con roles bien definidos
- Comunicación clara y coherente entre jurisdicciones
- Asignación de recursos según prioridades
- Canales de mando ágiles y transparentes
El modelo del Chief Health Strategist y su rol propone una figura capaz de integrar esfuerzos de sector público, privado y sociedad civil. Para otros riesgos, equivalentes como el Chief Risk Officer o Chief Resilience Officer pueden cumplir una función similar: anticipar, coordinar y priorizar.
Reflexión final: construir resiliencia permanente
Más allá de las lecciones técnicas, la pandemia nos recordó la fragilidad de nuestros sistemas cuando se subestima la preparación. La oportunidad hoy es convertir los aprendizajes en políticas duraderas, reforzar la cultura de anticipación y fomentar una visión colaborativa de gestión integral de riesgos.
Abordar el cambio climático, proteger infraestructuras críticas, prevenir ciberataques o gestionar crisis financieras exigirá el mismo nivel de compromiso y visión estratégica que demostramos –a regañadientes– durante el COVID-19. Transitar de la reacción a la proactividad será la clave para afrontar con éxito los desafíos del siglo XXI.